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20 MINUTOS DE
PAUSA
En temporadas tensas, con días de agendas saturadas que nos estresan,
siempre podemos sujetar las riendas y regular nuestro ritmo: tomarse un
buen cuarto de hora para bajar las revoluciones, respirar y organizarse,
nos garantiza continuar más acertadamente.
El ritmo es una constante en la naturaleza, y cuanto menos seguimos nuestros
ritmos vitales, más perdemos la capacidad de escucharlos. Si los
ignoramos habitualmente, los mecanismos biológicos de transmisión
de la información quedan desincronizados, afectando a nuestra claridad
mental y a la respuesta fisiológica. Llevado a un límite,
la reacción del organismo se presentará en forma de enfermedad,
obligando a una parada de emergencia.
Cada hora y media, aproximadamente, es práctico realizar pausas
de unos 20 minutos. Este ciclo ultradiano regenera nuestras energías
naturalmente y rige nuestro rendimiento. La síntesis de los procesos
biológicos requiere de ese tiempo para optimizar el relanzamiento
de las capacidades personales.
La ergonomía nos indica claramente la importancia de estos periodos
de actividad y reposo, más allá de los cuáles es
difícil mantenerse alerta. Es fundamental respetarlos para responder
a las tareas con un mínimo de eficacia.
Por ejemplo, la duración máxima de una reunión se
estima en torno a los 90 minutos, a partir de los cuales los asistentes
pierden concentración y la atención se dispersa con facilidad.
Asimismo, el trabajo individual se ve afectado por esa alternancia de
fases en las que rendimos más y mejor. El impacto en la vida cotidiana
se registra físicamente, pero afecta en especial a las habilidades
cognitivas, tales como el aprendizaje y la creatividad en la resolución
de problemas.
Para aprovechar este ciclo fundamental de actividad / reposo es necesario
respetar la fase de restauración energética correspondiente.
Tras ella, podremos concentrarnos mejor en las tareas que requieren mayor
atención y vivacidad.
Cuando el organismo se manifiesta con señales directas tales como
el bostezo, la sed, necesidad de ir al baño o de estirarse, es
preciso tomarlas en cuenta y darles toda la importancia que tienen.
Si, por el motivo que sea, las ignoramos, se acumula un déficit
en nuestra balanza energética que será preciso compensar
posteriormente con creces.
Para restablecer la comunicación el la red cuerpo-mente, debemos
contar con el reflejo natural que permite armonizar nuestras funciones,
- a nivel físiológico:
1.- eliminando toxinas de los tejidos del organismo,
2.- regulando el sistema endocrino,
3.- reforzando el sistema inmunitario,
- a nivel psicológico:
1.- conjuntar creativamente emociones y circunstancias
2.- interpretar las experiencias vividas
3.- instaurar nuevos niveles de consciencia, comprehensión
y acción.
Finalmente, es preciso indicar que no se trata de un ciclo rígido.
Cada individuo presenta unos ritmos personales, flexibles para adaptarse
a gran variedad de circunstancias. Hay quién fuerza la máquina
hasta el extremo, y quién aplica las pausas de forma caprichosa,
sin rigor ni concierto.
Es preciso escuchar atentamente esas variaciones y controlar cada día
mejor nuestros ritmos de trabajo.
La gestión personal del estrés construye así una
base sólida sobre la que aplicar las técnicas que más
nos interesen. Se trata de una competencia básica que desarrollar
permanentemente, y que está activa aquí, ahora, en la pausa
que hemos tomado para leer estas líneas.
RECUERDA: PEQUEÑA PAUSA = GRAN BENEFICIO
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