ESPIRITU DEPORTIVO

 

  • Nuestro país es un gran ejemplo de triunfo en deportes, tanto a nivel individual como de equipo.
    Ya comentamos en esta sección que la actividad empresarial es, hoy en día, como un deporte de riesgo.
    Superar situaciones de crisis desafía nuestras mejores competencias, y requiere un equipo consolidado: personas motivadas que saben sacarse el mejor partido posible.
    El espíritu deportivo integra los valores que sirven a la empresa en sus retos actuales: la gestión del estrés en entornos competitivos es paralela a la preparación para triunfar en el terreno de juego.
    Por que cada equipo debe llevar su propia mochila: misión, visión y valores.
    Y prepararse es una necesidad estratégica para quienes buscan la calidad a nivel profesional y personal.
    Nos podemos plantear los siguientes objetivos:
    1. Aprovechar los factores paralelos entre deporte y empresa.
    2. Transferir los valores del espíritu deportivo al trabajo diario.
    3. Armonizar las competencias individuales con los objetivos de nuestra organización: misión, visión y valores colectivos.
    4. Profundizar en los procesos de la empresa para consolidar un equipo humano de trabajo.
  • Pero estamos hablando del espíritu deportivo aplicado a la organización empresarial, no de:
    el negocio que se hace con el deporte
    de fichas multimillonarias "imposibles" de pagar
    de grandes desfalcos en los clubs con deudas astronómicas,
    del comportamiento propio de los mercenarios que muestran algunos jugadores, teniendo como divisa individual el mejor postor antes que el mejor lugar para desarrollarse como equipo.
    Las implicaciones políticas que, con frecuencia, salpican a los grandes clubs.

Las emisiones de noticias están copadas por el deporte (leáse fútbol) a tal punto que cada día llegan a superar la mitad de su duración. También recientemente se usa el lenguaje deportivo en la política, de forma que para mejor comunicar con el electorado, se le dirige la parábola en tono épico.
Si el símil futbolístico se extiende en el tiempo más allá de una moda retórica puntual, tendremos unas noticias todavía más impresentables de lo que ya son. Por que… ¡vaya riqueza de vocabulario!…, ¡vaya claridad en la expresión la de algunos jugadores o técnicos deportivos!…, por no citar a los extraordinarios personajes que retransmiten los partidos. Se puede optar por no ver las noticias, por supuesto, pero hay que conocer cómo se presentan y se expresan porque son un cauce fundamental para consolidar y manipular la opinión pública.
Desde luego, es una cuestión de elegir qué hacemos con nuestro tiempo libre, cómo lo consumimos, decidir si lo disfrutamos o lo perdemos ante la TV.


Se habla con gran admiración de Indurain, de Gasol, de Teresa Perales, de Nadal, o de los pílotos como Pedrosa y Alonso, etc… Pero si nos quedamos en palabras, es más de lo mismo.
¿Qué es lo que hacemos nosotros?, ¿Nos ponemos en marcha o somos meros espectadores?
Carlos Pauner, uno de nuestros grandes montañeros, transmite el lado más humano de sus hazañas deportivas en las que la motivación nos permite que superemos el sufrimiento, con disciplina, trabajo de equipo, autocontrol y resistencia para llegar al objetivo, sabiendo renunciar a tiempo cuando es preciso.
Teresa Perales nos habla de la teoría del espiralismo, la posibilidad de crear una espiral de felicidad en nuestra vida. Y es quién mejor la representa poniéndola en práctica al superarse como deportista y mujer empresaria.
Recientemente se ha hecho un documental con ese título, donde se presentan deportistas de élite con alguna minusvalía física.

Hay muchos ejemplos que teorizan sobre management por medio de la metáfora entre deporte y empresa. Las referencias al éxito de los grandes campeones son didácticas, pero hay que poner manos a la obra.

Cada día tenemos un pequeño desafío más cercano, aunque a nadie le interese más que a uno mismo, al deportista anónimo.
Esos que se quitan alguna hora de sueño para hacer ejercicio practicando yoga o tai chi, y empezar el día a tono mientras los demás bostezamos perezosos ante el desayuno. O los que, si no hay otro momento, aprovechan el mediodía para hacer una escapada andando o con la bici en vez de acomodarse frente al plato.

Y los que en cuanto tienen fiesta suben montañas, que respetan y hasta limpian de la basura del dominguero descuidado. Destacan los que, con años o aún con lesiones, se cambian cada tarde y salen a correr planificando sus recursos, sus fuerzas para una prueba organizada en cualquier lugar.

También cuentan, y más que nadie, quienes se superan aún con discapacidades, o se recuperan de un accidente con dos narices.

Aquí hay algo que es fundamental: el valor de la motivación, saber a donde dirigir la acción, diferenciar las metas de los sueños… y esforzarse con constancia. Sencillamente yendo al trabajo siempre andando.
Ahí estamos los pequeños empresarios, los autónomos, los trabajadores por cuenta ajena, ... los que trasladan a la práctica diaria los valores fundamentales del espíritu deportivo. Y no hace falta que se les premie en ninguna competición, ya que se hace por afición. Igual que no necesita una certificación de calidad quien se motiva por el gusto del trabajo bien hecho.

Con frecuencia el autónomo se ve cómo el corredor de fondo o el nadador, entrenando solo ante el peligro.
También puede y deberá hacer equipo con:
- su persona de confianza en el banco, anticipándose al vencimiento de plazos y cobros, por ejemplo.
- su gestor, que le orienta, evitando pérdidas de tiempo.
- los proveedores, preparando el terreno de cada temporada.
- los clientes, como los socios que se ponen en manos de un equipo de confianza.
- la competencia, que se encuentra en frente y aporta mucha información determinante sobre el comportamiento en el terreno de juego.
- su entorno de amigos y familiares, que le dan soporte como los aficionados del club deportivo.

Y en este caso, el entrenador estará representado por la Administración, que podrá:
- dar seguridad y confianza al equipo, invitando a arriesgar e innovar, atacando,
- bloquear el avance y obligar a jugar a la defensiva, sin dejar desarrollar todas las capacidades.


Necesitamos la firmeza que evoca el poeta Miguel Hernández en sus versos:
Tristes guerras/ si no es de amor la empresa./ Tristes. Tristes.

Esa firmeza que los autónomos, emprendedores y pequeños empresarios tenemos clara, y que nutrimos cada día con nuestro espíritu deportivo. La que falta en grandes industrias asentadas aquí, impersonales, que mañana se pueden instalar en otro país sin más miramientos.
A veces nos motivamos cada día por pura necesidad, porque hay que salir adelante... Y desarrollamos habilidades para ver los estímulos donde haga falta, dando más de sí, yendo a por más, aguantando mecha un poco más.
Cuando esa motivación no es auténtica, se difumina poco a poco y la que le sustituye no se mantiene tampoco mucho más tiempo. Estamos ante el síndrome del quemado, del desgaste profesional, con síntomas como despersonalización, falta de interés, baja eficacia, sensación de pérdida de valía, etc….

Para evitarlo necesitamos redefinir nuestra tarea, nuestras competencias y responsabilidades con toda la claridad posible.
¿En vacaciones?.


José Javier Pedrosa



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