En temporadas tensas, con días de agendas saturadas que
nos estresan, siempre podemos sujetar las riendas y regular nuestro
ritmo: tomarse un buen cuarto de hora para bajar las revoluciones, y
respirar para organizarse, nos garantiza continuar más acertadamente.
El ritmo es una constante en la naturaleza, y cuanto menos seguimos
nuestros ritmos vitales, más perdemos la capacidad de escucharlos.
Si los ignoramos habitualmente, los mecanismos biológicos de
transmisión de la información quedan desincronizados,
afectando a nuestra claridad mental y a la respuesta fisiológica.
Llevado a un límite, la reacción del organismo se presentará
en forma de enfermedad, obligando a una parada de emergencia.
Además del reposo nocturno, las pausas en el horario laboral
son muy importantes. Son momentos indicados para cambiar de actividad,
relajar las tensiones adquiridas en el puesto de trabajo y recuperar
el nivel de energía necesario para continuar eficazmente con
la actividad que desempeñamos.
El recibir y tratar clientes durante toda una jornada sin las pausas
adecuadas termina con cualquiera. A pesar de las prisas, es mejor observar
ciertos periodos de reposo y desconectar personalmente, contando con
margen de tiempo para imprevistos diarios.
El trabajo individual se ve afectado por la alternancia de fases en
las que rendimos más y mejor. El impacto en la vida cotidiana
se registra físicamente, pero afecta en especial a las habilidades
cognitivas, tales como el aprendizaje y la creatividad en la resolución
de problemas.
Para aprovechar este ciclo fundamental de actividad / reposo es necesario
respetar las pausas correspondientes. Tras ella, podremos concentrarnos
mejor en las tareas que requieren más vivacidad, especialmente
si se trata del trabajo con personas.
Cuando el organismo se manifiesta con señales directas tales
como el bostezo, la sed, necesidad de ir al baño o de estirarse,
es preciso tomarlas en cuenta y darles toda la importancia que tienen.
Si, por el motivo que sea, las ignoramos, se acumula un déficit
en nuestra balanza energética que será preciso compensar
posteriormente con creces.
Para restablecer la comunicación el la red cuerpo-mente, debemos
contar con el reflejo natural que permite armonizar nuestras funciones,
-a nivel físiológico:
1.- eliminando toxinas de los tejidos del organismo,
2.- modulando el tono postural de base,
3.- regulando el sistema endocrino,
4.- reforzando el sistema inmunitario,
- a nivel psicológico:
1.- conjuntar creativamente emociones y circunstancias
2.- interpretar las experiencias vividas
3.- adoptar la postura adecuada para cada caso y poder pasar a la acción.

Es preciso escuchar atentamente esas variaciones y controlar cada día
mejor nuestros ritmos y capacidades. Los ritmos circadianos son los
que se dan en la alternancia del día y la noche. Ahora nos interesan
los que se dan cada 90 minutos aproximadamente. En concreto, equilibrarlos
nos permite un aprovechamiento y mejora sorprendentes. Cada 90 a 120
minutos, conviene descansar un buen cuarto de hora, con una breve sesión
de relajación, que incluya cinco minutos acostado si es posible.
Esto aumenta la productividad y el rendimiento de forma tan clara que
las grandes empresas hace tiempo que han dispuesto unos rincones acondicionados
para el relax de sus trabajadores.
La costumbre de la siesta procede de latitudes calurosas, pero se incorpora
cada vez más en las empresas de numerosos países, dado
que demuestra su utilidad aumentando la rentabilidad de la segunda parte
de la jornada laboral. Lamentablemente en España la practica
solo un 20% de la población activa, disminuyendo la tradicional
costumbre desde la cifra del 50% que se estimaba en los años
80. En Japón puede llegar a ser obligatoria, en USA hace tiempo
que se dispone de las llamados nap-lounge, y se han inventado diversos
sistemas tipo airbag para la mesa del despacho.
Un lapsus de unos 15 a 20 minutos es el adecuado para relanzar la energía
del día, sin entrar en fases del sueño profundo que nos
hace más difícil remontar al nivel de trabajo.
Por otra parte, un estudio realizado por la NASA evidencia que 40 minutos
de reposo en medio de la jornada aumenta en un 34% el rendimiento de
un individuo.
RECUERDA: PEQUEÑA PAUSA = GRAN BENEFICIO
Finalmente, es preciso indicar que no se trata de un ciclo rígido.
Cada individuo presenta unos ritmos personales, flexibles para adaptarse
a gran variedad de circunstancias. Hay quién fuerza la máquina
hasta el extremo, y quién aplica las pausas de forma caprichosa,
sin rigor ni concierto.
Estamos tratando de una clave esencial del automanagement.
La gestión personal del estrés construye así una
base sólida sobre la que aplicar las técnicas que más
nos interesen. Se trata de una competencia básica que desarrollar
permanentemente, y que está activa aquí, ahora, en la
pausa que hemos tomado para leer estas líneas.
José Javier Pedrosa
info@lastragal.com