20 MINUTOS DE PAUSA

En temporadas tensas, con días de agendas saturadas que nos estresan, siempre podemos sujetar las riendas y regular nuestro ritmo: tomarse un buen cuarto de hora para bajar las revoluciones, y respirar para organizarse, nos garantiza continuar más acertadamente.

El ritmo es una constante en la naturaleza, y cuanto menos seguimos nuestros ritmos vitales, más perdemos la capacidad de escucharlos. Si los ignoramos habitualmente, los mecanismos biológicos de transmisión de la información quedan desincronizados, afectando a nuestra claridad mental y a la respuesta fisiológica. Llevado a un límite, la reacción del organismo se presentará en forma de enfermedad, obligando a una parada de emergencia.


Además del reposo nocturno, las pausas en el horario laboral son muy importantes. Son momentos indicados para cambiar de actividad, relajar las tensiones adquiridas en el puesto de trabajo y recuperar el nivel de energía necesario para continuar eficazmente con la actividad que desempeñamos.
El recibir y tratar clientes durante toda una jornada sin las pausas adecuadas termina con cualquiera. A pesar de las prisas, es mejor observar ciertos periodos de reposo y desconectar personalmente, contando con margen de tiempo para imprevistos diarios.

El trabajo individual se ve afectado por la alternancia de fases en las que rendimos más y mejor. El impacto en la vida cotidiana se registra físicamente, pero afecta en especial a las habilidades cognitivas, tales como el aprendizaje y la creatividad en la resolución de problemas.
Para aprovechar este ciclo fundamental de actividad / reposo es necesario respetar las pausas correspondientes. Tras ella, podremos concentrarnos mejor en las tareas que requieren más vivacidad, especialmente si se trata del trabajo con personas.
Cuando el organismo se manifiesta con señales directas tales como el bostezo, la sed, necesidad de ir al baño o de estirarse, es preciso tomarlas en cuenta y darles toda la importancia que tienen. Si, por el motivo que sea, las ignoramos, se acumula un déficit en nuestra balanza energética que será preciso compensar posteriormente con creces.
Para restablecer la comunicación el la red cuerpo-mente, debemos contar con el reflejo natural que permite armonizar nuestras funciones,
-a nivel físiológico:
1.- eliminando toxinas de los tejidos del organismo,
2.- modulando el tono postural de base,
3.- regulando el sistema endocrino,
4.- reforzando el sistema inmunitario,

- a nivel psicológico:
1.- conjuntar creativamente emociones y circunstancias
2.- interpretar las experiencias vividas
3.- adoptar la postura adecuada para cada caso y poder pasar a la acción.

Es preciso escuchar atentamente esas variaciones y controlar cada día mejor nuestros ritmos y capacidades. Los ritmos circadianos son los que se dan en la alternancia del día y la noche. Ahora nos interesan los que se dan cada 90 minutos aproximadamente. En concreto, equilibrarlos nos permite un aprovechamiento y mejora sorprendentes. Cada 90 a 120 minutos, conviene descansar un buen cuarto de hora, con una breve sesión de relajación, que incluya cinco minutos acostado si es posible. Esto aumenta la productividad y el rendimiento de forma tan clara que las grandes empresas hace tiempo que han dispuesto unos rincones acondicionados para el relax de sus trabajadores.
La costumbre de la siesta procede de latitudes calurosas, pero se incorpora cada vez más en las empresas de numerosos países, dado que demuestra su utilidad aumentando la rentabilidad de la segunda parte de la jornada laboral. Lamentablemente en España la practica solo un 20% de la población activa, disminuyendo la tradicional costumbre desde la cifra del 50% que se estimaba en los años 80. En Japón puede llegar a ser obligatoria, en USA hace tiempo que se dispone de las llamados nap-lounge, y se han inventado diversos sistemas tipo airbag para la mesa del despacho.
Un lapsus de unos 15 a 20 minutos es el adecuado para relanzar la energía del día, sin entrar en fases del sueño profundo que nos hace más difícil remontar al nivel de trabajo.
Por otra parte, un estudio realizado por la NASA evidencia que 40 minutos de reposo en medio de la jornada aumenta en un 34% el rendimiento de un individuo.

RECUERDA: PEQUEÑA PAUSA = GRAN BENEFICIO

Finalmente, es preciso indicar que no se trata de un ciclo rígido. Cada individuo presenta unos ritmos personales, flexibles para adaptarse a gran variedad de circunstancias. Hay quién fuerza la máquina hasta el extremo, y quién aplica las pausas de forma caprichosa, sin rigor ni concierto.
Estamos tratando de una clave esencial del automanagement.
La gestión personal del estrés construye así una base sólida sobre la que aplicar las técnicas que más nos interesen. Se trata de una competencia básica que desarrollar permanentemente, y que está activa aquí, ahora, en la pausa que hemos tomado para leer estas líneas.

José Javier Pedrosa
info@lastragal.com


 

 



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